#021


Tres velas. Sólo tres velas iluminan las alborotadas ideas que ya no fluyen.
La obligación y la presión de una individual audiencia hace que sople en mi azotea, el mismo aire que sopla fuera.
Y se despeinan las palabras.
Lo detesto pero es cierto. Estoy dejando pasar el tiempo hasta que considere que ha llegado la hora de enredarse entre las sábanas y mientras tanto, con un poco de suerte, puedo dejar ordenados algunos pensamientos.

Ayer le vi guardarse las lágrimas.
Ayer le vi guardarse las lágrimas y aquello que bombeaba sangre inició la cuenta atrás y estalló.
Me recordó a esas películas con silencios solitarios donde echarse a llover. Tenerlo tan cerca dolió.
Pensé que en cuanto me fuera volvería a estar sola frente a ese silencio. Y le abracé. Le abracé tan fuerte como para hacerme entender sin mediar palabra.
Estoy aquí. Se fuerte. Sé como estás por dentro. Rota. Perdida tras la pérdida. No sonrías si no tienes fuerzas, que los dientes falsos desgarran. Estoy aquí. Te quiero. No diré nada. Ven. Abrázame.
No mencioné nada. Le abracé antes de irme y no volverla a ver hasta dentro de demasiado tiempo. No quería soltarme y yo tampoco era partidaria. Alargué los minutos pero tenía que marchar y cuando salí por la puerta, escuché  su  llanto  interno.

Etna Suárez.

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