Quiero colgarme girasoles en el pelo
hasta que el sol aparezca de nuevo por mi cabeza.
Dejar florecer todo mi cuerpo
y ser más primavera que nunca.
Ser un jodido jardín.
Tener una rosa entre las piernas.
La fragancia nocturna del jazmín
que me impregna por la calle
a las dos de la mañana
cuando vuelvo a casa.
Tener margaritas en los pechos,
vestir faldas de amapola,
teñirme la mirada de anémonas,
y soltar deseos por la boca
entre dientes de león.
Tener raíces cambiantes
y la simetría y geometría perfecta
de una dahlia en el ombligo.
Ser primavera constante
y no temerle al invierno.
Tener la certeza de que
si aparece persona fría
el calor de los girasoles en mi pelo
llegara hasta las ramas de mis brazos
para abrazar y hacer florecer.
Seguir amando
las fotos en blanco y negro
pero esta vez,
teniendo la vida pintada
de mil colores diferentes.
Poder mirarlas
y colorear los recuerdos que traigan
con la variedad que encuentre
en el circulo cromático
que será mi cuerpo.
Y nunca más temerme,
y quererme siempre,
siempre,
hasta en el más duro de los otoños,
hasta en el más frío de los inviernos.
Colgarme las veces que haga falta
girasoles en el pelo.
Dejar salir al sol por mi cabeza
y florecer.
Eso quiero.
Etna Suárez.
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