Ya es de día.
He vuelto a amanecer sin ti y las sábanas están frías, como cada mañanadesde que marchaste.
Joder, tendrías que ver mis ojeras. A penas he dormido tres horas desde que mi mente se rindió y dejó de pensarte.
Aun así esta noche como en otras mil más, has seguido invadiendo mis pensamientos a tu antojo; entrando por la puerta de las pesadillas mientras yo dormía, y en la oscuridad de la noche te has acurrucado al lado mío y con sigilo, me has ido abrazando hasta dejarme sin respiración.
Parecía bonito en un principio pero luego... -hay que joderse-, hasta en sueños has optado por dañarme.
Entonces me he dado cuenta de que eres más ácido que el limón y que me sientas como una patada en el estómago.
Por eso esta tarde he salido al balcón y con los últimos rayos de Sol golpeándome la cara y la luna asomando tras la montaña, le he prometido al viento
que no susurraré más tu nombre.
Así que... Buen viaje.
Y no vuelvas.
PD: ¿Como te llamabas?
Marina Reche.
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